viernes, 23 de septiembre de 2011

Todo brochetas







Nueva sección: Comiendo con los ojos

Hoy inauguramos una nueva sección en el blog. Y lo digo en plural ya que si bien las presentaciones las hago yo, su contenido  correrá a cargo del colaborador dospixels fotografia.

Como podréis comprobar, se trata de una sección 100 % visual, fundamentada en la belleza de las imágenes, y es que sin duda, la comida entra por los ojos¡

La famiglia: pimiento, tomate, berenjena, patata

Menuda dinastía... porque todos los famosos  invitados que os traigo hoy son frutos de plantas de la misma familia, las solanáceas. Claro que es una prole muy extensa (unas 2300 especies de plantas), con otros miembros tan conocidos como la petunia, el tabaco, la belladona, el beleño y la mandrágora.  

El detalle más sensacionalista de esta familia de plantas, es que producen alcaloides tóxicos (algunos en bastante medida), que les protegen de muchos herbívoros, plagas... lo que se dice técnicas de autodefensa.

Por eso os los presenté como "la famiglia" en tono jocoso, y que nadie se ofenda, porque a ella pertenecen miembros peligrosos y creo que nadie les discute el ser "influyentes" en la cocina. Siendo un clan tan extenso, sólo estos 4 frutos son comestibles (si me dejo alguno corregidme), ya que aunque también contienen alcaloides, estos se encuentran en mucha menor cantidad y normalmente se destruyen en el cocinado a altas temperaturas.

Sobre la patata sólo os diré que se deben tomar ciertas precauciones si queremos evitarnos como mínimo dolor de tripa: debemos limpiar las zonas verdosas de la patata, ya que en ellas puede haber acúmulos de solanina (así se llama el glucoalcaloide de sabor amargo que se encuentra en la patata). Además, si almacenamos patatas en casa por largo tiempo, debemos tener en cuenta que guardadas de manera incorrecta acumulan más solanina: debemos guardarlas en un lugar oscuro y seco. 




Representantes del influyente grupo


Foto de grupo tomando el sol (justo lo que no deben hacer las patatas)

NOTA: El autor ha expuesto las patatas al sol el tiempo estrictamente necesario para tomar la instantánea.


Os imagináis cómo sería la cocina española precolombina? ni pimiento, ni tomate, ni patata. ¿Alguien sabe dónde se puede conseguir un recetario de cocina española del siglo XV?

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Bizcocho de yogur de claras


Por fin me decido a mostraros mi primer experimento serio en la repostería libre de colesterol. O quizás debería decir repostería baja en materia grasa. Y es que sobre el consumo de huevos y su relación con el colesterol en sangre parece que no está todo dicho.

Así que, para que está entrada no pierda vigencia con la llegada de nuevos estudios, lo llamaré  bizcocho con menor materia grasa.

Usé como inspiración el archiconocido bizcocho de yogur, invento universal donde los haya: el secreto de su éxito tiene mucho que ver la sencillez a la hora de medir los ingredientes, no os parece?. Mi variante, sin huevos enteros, sólo con claras, ya la hice unas cuantas veces, y está bastante bueno: tanto para un desayuno cotidiano como para usarlo como base para una tarta.

Ingredientes:

Yogur natural desnatado
3 medidas de harina
2 medidas de azúcar
1 sobre de levadura en polvo
Esencia de vainilla
Aceite de girasol
Leche 
6 claras de huevo
Mantequilla o margarina para untar el molde


Por si alguien aún no lo sabe: el vaso del yogur es lo que usaremos para medir la harina, el azúcar y el aceite. Cuando digo "2 medidas de azúcar", me refiero a dos vasos de yogur de azúcar, y así sucesivamente.


NOTA SOBRE LOS INGREDIENTES:
- Aquí os podéis inventar mil y una variantes: el yogur y la leche los uso desnatados, por seguir con la filosofía de "bajo en grasa", ahora bien, cada uno es libre hasta de si quiere usar sus equivalentes enteros o incluso yogures de sabores.
 - En cuanto a la harina: normalmente uso de trigo, pero ya he probado a hacerlo con harina integral de trigo y también da buen resultado.
- Al no llevar las yemas del huevo, este bizcocho queda paliducho por dentro: podemos sustituir el azúcar blanco por azúcar moreno de caña, que le da a la masa un color tostadito.
- Las claras de huevo: se venden embotelladas en la zona de refrigerados. Concretamente yo las compro en Mercadona. 
-Aceite: tengo claro que para repostería yo prefiero el aceite de girasol, porque el aceite de oliva, aun el de  0,4 grados, le da un sabor demasiado intenso al bizcocho. Es cuestión de gustos. Además, para disminuir un poquito más la materia grasa de este bizcocho, en vez de usar el vaso de yogur lleno de aceite, uso 2/3 de aceite y 1/3 de leche.
-Sobre la esencia de vainilla: también depende de vuestros gustos personales, se le puede poner esencia de anís, ralladura de limón o naranja...

Preparación:

En un bol se van añadiendo de manera sucesiva, y batiendo continuamente, el yogur, 2 medidas de azúcar, 1 medida de aceite y leche, 3 medidas de harina, 1 sobrecito de levadura y 2 cucharaditas de café de esencia de vainilla. 
En otro bol, montamos a punto de nieve fuerte 6 claras de huevo. Contar con ayuda mecánica hará que este bizcocho lo hagáis en un periquete o que acabéis con agujetas en el brazo¡ (yo soy muy vaga, uso batidora). Cuando las claras están listas (las claras no se escurren al inclinar el bol), las vamos añadiendo poco  a poco a la masa que tenemos preparada, y moviendo la masa con mucho cuidado. 

NOTA SOBRE LAS CLARAS A PUNTO DE NIEVE:
Al batir las claras hasta el punto de nieve no hacemos otra cosa que encerrar aire en las claras. Este aire hace a los bizcochos mucho más esponjosos. Incluso hay bastantes recetas  en las que se prescinde por completo de la levadura en polvo (que lo que hace es liberar burbujas de dióxido de carbono que se expanden con el calor), usando en su lugar las claras a punto de nieve. Ahora bien, incorporar las claras a punto de nieve al resto de la masa sin que las claras pierdan aire es un proceso lento y cuidadoso. Para que nos entendamos, si las añadimos batiendo enérgicamente, allá se nos fue el aire que habíamos encerrado¡¡¡

En un molde bien engrasado, vertemos la masa resultante y horneamos en el horno previamente precalentado a 180 C (unos 10 minutos, yo lo suelo encender justo antes de empezar a batir las claras) durante unos 35 minutos. Ya sabéis, es importante no abrir el horno en los primeros 25-30 minutos. Antes de apagar el horno, comprobamos que la masa está cocinada introduciendo un palillo largo, que debería salir limpio y seco cuándo el bizcocho está listo.

Resultados:
Os muestro unas fotografías del aspecto que tiene: por fuera, parece un bizcocho de yogur de toda la vida. Al corte, puede parecer un poco descolorido. El corte interior que os muestro tiene un color  más atractivo ya que lo hice con azúcar moreno y harina integral.

En cuanto al sabor, no se echan de menos las yemas de huevo: en el paladar se tiene cierta sensación grasa, sólo que más reducida.

Aspecto externo del bizcocho sin yemas: aparente normalidad
Corte del bizcocho: versión con harina integral y azúcar moreno


Conclusiones:


Ya  he hecho varias veces esta receta, incluso modificando el tipo de harina y el azúcar,  Y lo he utilizado como base para la tarta de cumpleaños de uno de mis colaboradores. Señal de que no está tan malo, no?






jueves, 15 de septiembre de 2011

Nuestro amigo el cuscús

El cuscús es la típica cosa de la que a veces oía hablar, pero de la que no sabía  nada. Hasta que hace unos años, en una estación de servicio francesa (qué maravilla las estaciones de servicio francesas, no hay color¡) comiendo en el típico autoservicio de emergencia en una paradita del viaje, PAMM¡¡¡, conocí al cuscús. Fue en una ensalada. No muy buena, por cierto. Pero allí estaba él, destacando en la composición y sorprendiéndome...

Con todo, tardé lo mío en incorporarlo a mis experimentos: francamente, no se me ocurría qué hacer con él. (Todavía no tengo un gran muestrario de platos con cuscús, pero empiezo a perderle el miedo y a improvisar cosillas). 

Y por qué llamo esta entrada, "nuestro amigo el cuscús"??? Pues porque apenas calentando un poco de agua, tienes una guarnición deliciosa¡¡¡


Pero bueno, hagamos bien las presentaciones:  el cuscús es sémola de trigo, o sea, como una harina gruesa, trigo poco molido. Aquí se complica un poco la cuestión, y aunque no soy una experta os comento:
- El cuscús (según la RAE, aunque en algunos sitios lo veréis escrito como couscous, el término francés) es el nombre de un plato típico magrebí hecho a base de sémola de trigo duro.
- Sin embargo, en multitud de recetas  en la red, denominan así al ingrediente (sémola de trigo). Además,  los envases comerciales de muchas marcas denominan al producto como cuscús, y en la letra pequeña de los ingredientes aclaran que se trata de sémola de trigo duro.


Pero como lo queráis llamar, es delicioso, fácil y rápido de preparar, por lo que merece formar parte del  fondo de armario de nuestra cocina.


Eso sí, una mala noticia: la sémola de trigo tiene un alto contenido en gluten, ya sabéis, la glucoproteína que se encuentra en las semillas de muchos cereales, entre ellos el trigo, por lo que no debe ser consumida por aquellas personas que padezcan celiaquía (intolerancia al gluten).


En cuanto pueda os iré relatando algunas de mis incursiones culinarias con cuscús. De momento, os dejo una foto del individuo en cuestión:


Cuscús esperando a ser cocinado



Cocina de emergencia: Ensalada "ruta de Requeixo"

Hoy os planteo la típica situación en la que toca tirar de fondo de armario: es conveniente tener siempre a mano un lote variado de conservas, de calidad eh?.
Si además es verano, os recomiendo encarecidamente tener siempre en el alféizar de la ventana un tiesto con albahaca (en verano es más fácil de conseguir, estoy investigando a ver si puedo conseguirla todo el año, os mantendré informados). La albahaca fresca  le da a los platos un aroma y un sabor que está a años luz del que le proporciona su versión deshidratada: os aseguro que he experimentado cómo platillos ricos, pasan a OLALÁA¡¡¡ con albahaca fresca, y no lo digo sólo yo...


La situación: exterior día, veranito, playita o como en el caso que me ocupa, montaña. Trotando alegremente, libre y despreocupadamente... pero oh¡, llega la noche, y tienes a tus compañeros de correrías cansados y hambrientos (y lo mismo te pasa a tí, que no te queda chispa ni para encender la cocina). No passsa nada¡ a tirar de fondo de armario, a lo que vamos:

Ingredientes:

2 Tomates
Aguacate
Bote de ventresca de bonito
Bote de pimientos de piquillo asados
Bote de remolacha (en rodajas mejor que en juliana)
Albahaca fresca
Ajo
Sal
Vinagre de módena
Aceite de oliva virgen extra

Preparación:

Cortamos el tomate en rodajas finas y las disponemos en la fuente en la que vamos a servir la ensalada. Salamos las láminas, y añadimos ajo finamente picado y las hojas de albahaca (bien lavadas) también picadas.
Encima de los tomates disponemos una capa de rodajas de remolacha y salamos. A continuación los pimientos de piquillo (si no vienen cortados, los troceamos) y el aguacate cortado en gajos. Salar los gajos de aguacate. Por último añadimos los lomos de ventresca de bonito. Aliñamos con el vinagre de Módena y un buen aceite de oliva extra virgen.

Algunas cuestiones importantes:

1) Como véis la preparación es muy sencilla, insisto en que el éxito dependerá muy especialmente de la calidad de los ingredientes (eso siempre es así, pero aquí la preparación es mínima, los ingredientes están sólos ante el peligro...)
2) En vinagres cada uno tendrá sus manías, pero os recomiendo que para esta ensalada uséis un vinagre tipo Módena o de tipo Jerez.
3) El ajo: que conste que no soy adicta al ajo, ni mucho menos, pero hay platos a los que les sienta bien. Otra cosa es que no le siente bien a nuestra vida social (cada quién que valore la situación). Desde luego el ajo, y más en crudo, tiene una gran personalidad, allí por donde pasa se hace notar, así que a los que no estéis acostumbrados: picadlo muy finito, usadlo con discrección, y escoged una variedad que no sea muy "rabiosa". Y recordad, el ajo crudo es muy sano.

Resultados:
Creo que la imagen es bastante gráfica: es una ensalada vistosa y que con un par de detalles marca la diferencia: una buena ventresca de bonito y las hojas de albahaca frescas de ingrediente sorpresa. Pero sin quitar mérito a los demás ingredientes, es una ensalada "coral". Los catadores voluntarios se mostraron eufóricos.


Ensalada sabrosona. 
                                 Foto: Reportera gráfica desplazada a la montaña Ourensana.

Conclusiones:

Una solución sabrosa sin encender los fogones.


Seguramente hay multitud de estudios científicos que cuantifican en qué medida la percepción de la realidad se ve afectada por las circunstancias que rodean al individuo. Admito que la cata realizada ha estado condicionada por varios factores, a saber: los catadores estaban cansados y hambrientos después de una buena caminata, felices y despreocupados por estar de vacaciones y no lo recuerdo muy bien, pero posiblemente se habían tomado una cervecita...

lunes, 12 de septiembre de 2011

Sobre la experimentación...

Es complejo experimentar con comida. Porque, y si sale mal el experimento?  o no es del todo satisfactorio? o aún siendo el resultado superior, los catadores voluntarios se saturan?.

Este es uno de los  muchos motivos de que dosifique bastante los experimentos de este blog, y de que en algunos de ellos el grado de experimentación introducido sea de bajo riesgo (al fin y al cabo tengo una plantilla limitada de catadores voluntarios y estos deben llevar una dieta variada y equilibrada desde el punto de vista nutricional).

Como curiosidad os contaré que hace unos años, cuando vivía en una casa con muchos gatos y parte de mis experimentos acababan en los mininos (no muy a menudo, en serio), siempre me llamaba la atención que no mostrasen inclinación ni por el chocolate a la taza, ni por la cobertura de chocolate ni por la leche chocolateada. Al fin y al cabo: si se avalanzaban sobre la leche, no debería gustarles más aún con chocolate???   Muchos años después descubrí que el chocolate es altamente tóxico para los gatos (y también para los perros) por una sustancia que contiene, la teobromina, con el agravante de que  los animales eliminan esta sustancia muy lentamente de su organismo. Además, cuanto más negro el chocolate, más teobromina. Afortunadamente, mis sufridos gatos siempre han sabido mejor que yo qué les convenía.

Pero ya os digo, esto fue hace unos años, en este momento os puedo asegurar que:

sábado, 10 de septiembre de 2011

Banderitas de cherry con queso y anchoas




A esta entrada no le puedo dar la categoría de experimento. Más bien la veo como una recreación, y me explico: he creado este plato de entrante (o plato principal para una cenita sana) basándome en una tapa que me sirvieron hace unos años en un evento. Como sólo lo vi y probé en una ocasión, sólo lo puedo describir como dos mitades de un tomatito cherry insertado en un palillo, dejando en el medio un trocito de queso envuelto en anchoa.

Recreé la tapa a partir de ese  recuerdo, y completando la receta con cómo creo yo que se puede maximizar su sabor.

Antes de entrar en detalles, algunas consideraciones personales:

1) Los tomatitos cherry son sosos como ellos solos. Muy monos, quedan muy bonitos, pero apenas tienen sabor. Y por favor, no me digáis que lo mismo que sus hermanos mayores.  Por darles el beneficio de la duda, sólo me queda pensar que nunca he tenido la fortuna de probar unos auténticos tomatitos cherry de huerta. En todo caso, gran idea asociarlos a la anchoa: los unos ponen la belleza y los otros el sabor. De todos modos, para que la unión no sea muy desigual, os propongo un tratamiento previo a los cherrys.

2) Las anchoas me resultan difíciles de comer. De mi infancia las anchoas se me quedaron asociadas a la sensación pero-qué-salado¡¡¡ y a la para mí  desafortunada combinación llamada aceituna con anchoa: sal con sal? (con todo hay que reconocer que no todas las aceitunas con anchoas son iguales, y que en caso de bajón de tensión son mano de santo). En estos últimos años me he ido reconciliando con el mundo de las anchoas, y he de reconocer que el primer problema a veces es la calidad de las anchoas: aconsejo  no racanear en esto, porque la diferencia de sabor es brutal.

Ingredientes:

Tomatitos cherry
Anchoas 
Queso tipo Tetilla o Arzúa Ulloa
Aceite de oliva virgen extra
Sal
Orégano
Albahaca




También necesitaremos palillos largos de madera (mi editor criticó que los pusiera con los ingredientes, pero de alguna manera lo tenía que poner)


NOTA1: 
En cuanto a las cantidades: si lo vais a servir como entrante, qué menos que dos o tres banderitas por persona?


NOTA2:
Los quesos que os propongo  son de  leche de vaca y tienen un sabor cremoso y suave. Son dos de los cuatro quesos con Denominación de Origen Protegida de Galicia.

Para aquellos que no los conozcáis y queráis saber más, me parece interesante esta página:

http://www.queseros.com/category/quesos-de-espana/galicia/

A quien prefiera o necesite rebajar el contenido graso de la receta, siempre puede intentar sustituir por un queso fresco semidesnatado. Ojo con la textura del queso fresco: si  se desmigaja muy fácilmente, se os puede romper el dado de queso al atravesarlo con la banderita¡¡¡

Lo que si os diría: evitad quesos muy salados, recordad que lo vais a casar con una anchoa.

Preparación:


Lavamos y secamos bien los cherry, y se parten por la mitad. Con el fin de darles un poco de alegría, ponemos las mitades de los cherrys en un bol y los sazonamos con un poquito de sal, orégano y albahaca (ay si tenemos albahaca fresca, santa madonna¡¡¡). Los regamos con un chorrito de aceite de oliva virgen extra y los dejamos reposar unos minutos.


Mientras tanto, vamos preparando los dados de queso y disponiendo las anchoas: si son anchoas muy grandes, o teméis su fuerte sabor, las podéis cortar longitudinalmente, de modo que pondríamos media anchoa en cada banderita.


 Para el montaje final, pinchamos en cada palillo, por este orden: una mitad de cherry, a continuación un dado de queso envuelto en una anchoa y por último la otra mitad del tomate.


En el momento de servir, podemos añadir parte del jugo de macerar los cherrys sobre las banderitas, et voilà¡


Resultados:


Un picoteo sabroso y suave: el carácter de la anchoa se amansa con el jugo del coqueto cherry y el gusto untuoso del queso. Hay que probarlo.

NOTA 3:

En esta ocasión la fotografía no la he tomado yo. Me ha sido cedida amablemente por una  muy querida invitada para la que preparé el plato este verano.

Golosetes¡¡¡



Conclusiones: 


Resultón, fácil de preparar, refrescante y sabroso. Se puede pedir más?

jueves, 8 de septiembre de 2011

No tengo nada en contra de la mantequilla

 Lo dicho: a pesar de que la mayoría de mis experimentos reposteros están orientados a la eliminación, sustitución o minimización de grasas de origen animal en su formulación, no tengo nada en contra de la mantequilla y la nata (y meteré en el saco a las yemas de huevo).

No quisiera que una legión de productores y asociaciones pro lácteos y derivados se vean menospreciados en este humilde blog.

El colesterol casquivano obliga.


Básicos: Guiso de carne con judías (y berenjena y otros)

Este plato no es muy novedoso: pretendía cocinar un típico guiso de carne en la olla a presión, como los que hace mi madre. Así que en esta ocasión no hubo investigación previa en internet, sino que tiré de "fondo de memoria", improvisando un poco en el acompañamiento.

Estos guisos son muy apañados y versátiles, porque en cada momento del año puedes acompañarlos de las distintas hortalizas de temporada, además de las tradicionales patatas y zanahorias. En esta ocasión, tenía claro que me apetecía acompañarlo de judías verdes. La verdad es que le dan al guiso un sabor espectacular y muy característico. No conozco muchos platos con judías, pero algún día os contaré una sencilla presentación  de las judías verdes, una a la que nadie puede resistirse.

La berenjena la añadí porque tenía una en la nevera, y quería probar qué tal podía quedar en el guiso (la berenjena es un fruto muy interesante con el que me gusta experimentar, de momento tengo claro que hay que alejarla de preparados en los que se tenga que pasear por el aceite (se lo tragaría todo, y eso no lo soporto, haya cada quien con sus gustos).


También os tengo que confesar, que tengo un bloqueíto mental con la olla a presión: la teoría me la sé, pero en la práctica raro es el día que no me pelee un rato con ella. Pero estoy empeñada en cultivar esta amistad, y venceré¡. Como sabéis la olla a presión se cierra herméticamente y no permite la salida de vapor por debajo de una presión determinada. Esto hace que en el interior de la olla se alcancen presiones elevadas, lo que hace que el punto de ebullición del agua aumente por encima de los 100 C (el agua hierve a 100 C cuando la presión es de 1 atmósfera, más o menos la presión ambiental que nos rodea) hasta unos 130 C. Esta temperatura más elevada que se alcanza en el interior de la olla hace posible que los alimentos se cocinen en un tiempo mucho menor.


Bueno, a lo que vamos:

Ingredientes (3-4 personas):

500 g de carne de aguja de ternera
200 g de judías verdes
2 tomates grandes y maduros (o una lata de tomate natural entero, nunca tomate frito)
1 berenjena
3 zanahorias
Medio pimiento rojo (grande) o uno entero si es pequeño
3-4 patatas (según tamaño de la patata y gusto)
Aceite de oliva 0.4
Sal
Pimienta negra
Colorante alimentario

NOTA1: 
Sobre el colorante alimentario: entiendo que haya gente a la que le parezca una aberración utilizar colorante alimentario. Lo sé. Existen varias opciones para solucionar esto. Si sois de los que os agradan los guisitos con las patatas "amarillo loco", de momento no os puedo dar otra opción. El azafrán no colorea con esa intensidad, pero aún así, os recuerdo que no sólo aporta color, sino también un sabor muy característico, al que yo en particular no logro habituarme. Pero es un cuestión de gustos. Otra opción es no añadir ni colorante ni azafrán. Aún estoy empezando a explorar el uso de otros colorantes naturales, como la cúrcuma, de la que os hablaré en otro momento, por lo que de momento no la he introducido en esta receta.


Preparación:

Lavamos bien las judías y les recortamos las puntas y los laterales. Cuando las judías son muy nuevas y tiernas no debería ser necesario sacar los laterales, pero ante la duda, y para evitar sorpresas desagradables (me refiero claro está a los hilillos correosos que a veces recorren los laterales de las judías) yo prefiero eliminarlos siempre. Antes esta tarea me resultaba un poco fastidiosa, pero usando un pelapatatas como el que os muestro a continuación (el mío es de cerámica, una maravilla¡¡¡) la tarea se hace en tiempo record.





En la olla a presión abierta, rehogamos la carne troceada en un poco de aceite. A continuación añadimos las judías y un par de tomates troceados.


Esta vez usé unos cherrys que tenía en la nevera



Salpimentamos, rehogamos un par de minutos, y cerramos la olla a presión y dejamos que se cocine unos diez minutos (el tiempo cuenta desde que la olla empieza a expulsar una fina columna de vapor). Sé que puedo estar creando polémica, por meter desde el principio las judías en la olla a presión: demasiada cocción para las judías? Reconozco que esto responde a un gusto personal, quería que quedasen muy hechitas y que impregnasen de sabor todo el plato. A los que prefieran las judías menos hechas, no tenéis más que añadirlas con las demás hortalizas.

Abrimos la olla y añadimos el resto de los ingredientes troceados: pimiento, berenjena, zanahoria y patata. Para los que lo deseen, este es el momento de añadir azafrán o colorante alimentario (según vuestro gusto). Rectificamos la sal y verificamos que haya suficiente líquido en la olla: en mi experiencia, añadiendo los tomates y las verduras no es necesario añadir más líquido a la olla. Las primeras veces que cociné con la olla a presión me preocupaba que fuese poco líquido, y siempre acababa añadiendo líquidos en exceso. Creo que el secreto de este plato, que es tan sencillo, radica precisamente en no diluir demasiado los sabores. 

Cerramos la olla y dejamos que se cocine 15 minutos más.


NOTA DE PRESENTACIÓN:
 De toda la vida he tomado los guisos acompañados de una ensalada sencilla de lechuga (como mucho con tomate y cebolla). Creo que hace la pareja perfecta con el guiso, y que sin ella el resultado no es el mismo. Reconozco que puede ser un atavismo de la infancia.

Resultados:

Lamentablemente no tengo una triste foto del guiso. Las prisas del momento (no tenía la cámara a mano y era hora de comer). Además, he de reconocer que el aspecto de este guiso no es glamuroso: puede que por su aspecto desaliñado no lo ofreciera a invitados que no fueran de máxima confianza. Ya mismo os aviso. Eso sí, es de los típicos platos que te incitan a mojar pan.

Por lo demás, el sabor es francamente delicioso (en mi opinión y en la del catador voluntario). Domina sobre todos los sabores el de las judías. En cuanto a la berenjena, cuya piel suele aportar un sabor característico, pasa bastante desapercibida. 

Como es habitual en los guisos, por la noche o al día siguiente parece mejorar en sabor, se intensifica. 


Conclusiones:

Este es un plato que triunfa y para nada complicado (si sois mañosos con la olla presión, cero complicaciones, yo aún tengo mis escaramuzas con la mía).

Un plato para repetir y que admite bastante improvisación en cuanto ingredientes.

Judías roba-protagónico: secundarias que sin quererlo dominan el plató




miércoles, 7 de septiembre de 2011

Experimento 1: Cake de frutas confitadas (sin mantequilla¡¡¡¡)

Este no ha sido mi primer experimento en esta nueva etapa "disfrutando la cocina". Pero ha sido el experimento del día que inicio esta etapa blogera.
Hoy tenía claro que quería hacer el clásico cake de frutas confitadas que tomaba de pequeña, el cual recordaba con un sabor muy especial. Estos últimos años de inactividad culinaria, de vez en cuando tomaba uno bastante bueno que venden (o vendían, no lo sé) en una pastelería en Santiago de Compostela.
La receta no es propia: me dediqué a rebuscar en internet y me decidí por una que contenía un consejo que me llamó la atención por diferenciarlo de otras recetas.
La parte experimental , y que es terrible para un cake de frutas confitadas: sustituir la omipresente mantequilla por algo más "colesterol free". Claro está que no nací ayer, y que sé que el sabor delicioso, la textura y el aroma de los postres con mantequilla son difícilmente igualables, pero me he propuesto intentarlo¡

Ingredientes de mi osada versión:

125g azúcar
50g de queso para untar 0% materia grasa  (que no sea muy salado)
2 huevos
2 cucharadas soperas de brandy (la original pedía ron, pero no tenía)
100 g de fruta confitada picada
Puñado de pasas de corinto (esto es un añadido mío)
200g harina
2 cucharadas de levadura en polvo


NOTA1
Sobre los huevos: ya os contaré otros experimentos reposteros que he realizado usando sólo claras de huevo, sin las yemas (por aquello de aligerar más la receta). En esta ocasión puse los huevos enteros, me pareció suficiente reto sustituir la mantequilla por queso 0% materia grasa...

NOTA2:
A quien le interese: tanto el ron como el brandy son destilados, la diferencia principal es de qué se destilan. El brandy se obtiene destilando vino, y contiene entre un 36–40% de etanol. El ron se obtiene a partir del jugo o la melaza de la caña de azúcar.

Preparación:


En un bol, mezclamos el azúcar con el queso para untar 0% y batimos bien hasta  homogeneizar. Añadimos los huevos de uno en uno, sin dejar de batir. Se añade el brandy, la harina previamente mezclada con la levadura, la fruta confitada cortada y el puñado de pasas de corintio. Tras añadir la harina ya notamos que esta masa tiene una textura muy espesa. Esta característica es deseable, ya que si no se irían todas nuestras frutas confitadas al fondo de la masa.


Se deja fermentar unos 20 minutos la masa preparada: este consejo no lo encontré en otras recetas de cake de frutas consultadas en internet, y realmente me pareció interesante. Según la receta original, el dejar fermentar la masa es la responsable de que el cake tenga ese sabor tan especial. Parece razonable que la masa se aromatice estando en contacto con las frutas confitadas, y que si se hornease en seguida esta difusión de sabores no sería posible. 


Mientras, calentamos el horno a 180 grados, y untamos el molde con mantequilla o margarina (reconozco que yo uso margarina) .

Pasado el tiempo de reposo, vertemos la masa en el molde y lo introducimos en el horno. Al cabo de unos 30 minutos, comprobamos con una aguja larga. Yo necesité darle en total unos 35 minutos.
Tras sacarlo del horno, desmoldar y dejar sobre una rejilla hasta que se enfríe. Opté por adornarlo con azúcar glas.

NOTA3: 
Por si hace falta que lo diga, el azúcar glas fue "home made": puse en un molinillo unas cucharadas de azúcar y añadí azúcar vainillado, para que le diera aroma. Moler y espolvorear sobre el cake. Para espolvorear es muy últil usar un colador.

Resultados:

Os muestro unas fotos del resultado antes y después de cubrir con el azúcar glas. Lo primero que observo es que no creció demasiado el cake: supongo que es lo esperable, teniendo en cuenta que se trata de una masa tan viscosa y pesada. En un próximo intento meteré un sobre completo de levadura, a ver qué pasa. El olor es muy agradable, domina el olor de la fruta confitada. En la textura de la superficie  se aprecian los efectos de haber disminuído drásticamente la materia grasa: en la costra superior se aprecia una textura cercana a la del pan...
 



Exp. 1 ya frío y recién desmoldado




Exp. 1 tras cubrir con azúcar glas


Corte transversal del exp.1 donde se aprecia la adecuada distribución de las frutas confitadas (algo salió bien¡¡¡)




Al corte, es denso, recio, con una corteza dura. Podría pensar en solucionar esto horneando menos tiempo, pero en menos tiempo la aguja salía sucia de la masa.


En el gusto, se  echa en falta la materia grasa que aporta la mantequilla: debo explorar una variante del experimento en la que añada algo de aceite de girasol (para añadir materia grasa pero no colesterol).



NOTA4:
Por lo que veréis en sucesivos experimentos, soy muy de aceite de oliva. Tengo por norma usar oliva virgen 0.4 para cocinar ,  oliva virgen extra para ensaladas (qué triste es una ensalada con aceite de oliva 0.4¡¡¡, es uno de los motivos por los que a veces tomar ensalada fuera de casa se convierte en un despropósito) y girasol para postres, el motivo: es una fuente de grasa vegetal y no aporta a los postres el fuerte sabor del aceite de oliva.






La cata realizada por un voluntario, resultó demoledora: Comenta que "no está mal," y que es como un "pan de frutas sabroso",  pero me hace varias interesantes observaciones:
1) Si no lleva mantequilla, puede llamarse cake?
2) Aporta algo el queso 0% MG? Qué pasaría haciendo lo mismo sin el queso?


Conclusiones:


Debo manejar mejor la cata del voluntario: debe ser una cata "ciega", en este caso el voluntario tenía demasiada información previa. De todas maneras, acepto las observaciones planteadas, por lo que está claro que este experimento requiere una segunda versión.


Son demasiadas cuestiones y tareas para un primer día de blog. Para no venirme abajo, creo que prefiero continuar exponiendo un experimento más exitoso, y cuando recupere fuelle retomaré el experimento 1 y os mantendré informados.

Empezando un día de insomnio

Hola a todos.

A ver cómo se me da esto: me gusta cocinar. He tenido abandonada la cocina unos cuantos años, y ahora por fin retomo mis experimentos culinarios. Esta es la segunda parte, me cuesta cocinar dos veces exactamente lo mismo, me encanta introducir cambios. Puede tratarse de falta de disciplina (me temo que bastante de eso hay), pero también, adaptación: qué tengo en la nevera en este momento, cómo aligerar el contenido graso y en colesterol de las recetas, cómo sustituir ingredientes de los que no dispongo... Y a veces este afán de experimentar se debe a ideas felices, como el que se imagina algo antes de hacerlo,de manera exacta: qué tal quedaría este plato usando tales especias, cambiando este ingrediente por este otro...

A ver cómo se me da esto...

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