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Iron cakes o el experimento que salió mal



Ponseby para Químico Cocinero

Teniendo en cuenta que este es un blog de cocina que defiende la importancia de experimentar, me he permitido aportar esta experiencia mía en el mundo de las magdalenas, que por fallida, o mejor debería decir desastrosa, me ha enseñado a respetar estos dulces aparentemente inocentes.
Aquella tarde me sentí aventurera y recordé una receta que había copiado no sé dónde ni cuándo y que esperaba agazapada en un cajón. Me dije: "¿por qué no?". 


Sin saberlo, acababa de caer en lo más parecido que conozco a entrar en un páramo de arenas movedizas.
Seguí la sencilla receta al pie de la letra, utilizando los ingredientes y las cantidades exigidas sin caer en la tentación de introducir variaciones o sucedáneos audaces. Ignorante de mí, en esos momentos un pequeño e imparable drama empezaba a fermentar. 

Orgullosa, fui repartiendo con mimo la masa resultante en sus cestillos de papel rizado. ¡Ya me parecía verlas crecer, formándose en su superficie doradita un hermoso copete!. 
¡Qué ilusa!.

Algo debió de asustarlas, ya que ninguna de ellas (y había unas dos docenas) se atrevió a asomar por encima de la muralla de papel que las envolvía. El drama fermentó, hasta yo fermenté ¿por qué ellas no?.

Como podéis observar en la foto, no presentan signos de sobreexposición al calor sino un precioso color dorado, revelando su interior las pepitas de chocolate y unos ojos que nunca debieron abrirse.
Prueba nº 1- Véase la limpieza del corte y los ojazos

Nadie negará que están en su justo punto: recio, en absoluto esponjoso y con una consistencia muy apreciada por los maestros canteros. Para todos aquellos escépticos que duden en sus casas y achaquen estos comentarios a un cerebro hiperoxigenado, a la siguiente imagen me remito.

Prueba nº 2- 100% libre de photoshop
Debo decir que en cuanto se enfriaron lo suficiente, ataqué la primera con ansia para descubrir que iba a necesitar ayuda, no ya de un cincel, sino de algún tipo de cordial que suavizase tan tristes impresiones... Tres chupitos más tarde la realidad seguía siendo la misma, sólo que un poco más borrosa.

Decidí entonces recurrir al consolador recurso del tazón de Cola-Cao(c), y ahí, precisamente ahí, descubrí una nueva cualidad: la impermeabilidad. Acababa de nacer la magdalena Gore-tex(c).

Tres meses después ahí siguen, en su limbo intemporal, inmunes al moho, la podredumbre y las plagas de hormigas, esperando que alguien explore un potencial que a día de hoy se presenta peligroso...

Prueba nº 3- Recreando posibilidades lesivas

He visitado el lado oscuro de la repostería, he descubierto que no es una ciencia exacta, he comprobado que no existen garantías de éxito y que sin embargo el fracaso está siempre al acecho y finalmente, he conseguido sintetizar con mis humildes medios una versión cochambrosa del adamantium.
¡Ah! Si alguien se pregunta por la receta, mi sentido del pudor me impide reproducirla...

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