
La última vez que estuve por estas páginas, fue para presentar una receta que los más generosos de corazón sólo pudieron catalogar como "perversión cometida por un Mr. Hyde desquiciado". Los menos positivos dijeron directamente que "esto es lo que pasa cuando el buen hacer sale por una puerta y la estupidez entra por la otra". Que unos y otros digan lo que quieran. Ya exageren o se queden cortos, el hecho es que mis Iron Cakes están pendientes de varias patentes internacionales. Y sí, todavía las conservo y las observo de vez en cuando.
Pero no es menos cierto que así como el Mr. Hyde que todos llevamos dentro, de repente y sin previo aviso se nos cuela en la cocina para ilustrar con detalle la teoría del caos, cuando es el Dr. Jekyll el que se pone a los mandos, los huevos, las harinas, levaduras y demás ingredientes dejan de ir por libre, vuelven a su ser y la armonía reina otra vez en el cosmos de los fogones. Esto me pasa cada vez que hago la bica blanca de Laza (y ya van unas cuantas) y veo cómo la familia la prueba y la disfruta acompañada de un chupito y un buen puñado de adjetivos halagadores. Y el chupito no es tan grande como para enturbiarles el juicio, ¿eh?.
Ingredientes:
9 claras de huevo. Yo utilizo las que vende Mercadona pasteurizadas.
350 grs. de azúcar.
375 grs. de harina de fuerza.
375 grs. de nata para montar. Normalmente la de 35% de materia grasa, aunque últimamente estoy usando la versión ligera que lleva un poco menos de grasa
1 sobre de levadura
Azúcar moreno y canela para espolvorear
Mantequilla para engrasar el molde
Preparación:
Primero se montan las claras a punto de nieve, y sin dejar de batir se añade el azúcar. Suelo batirlas mitad y mitad en dos boles, porque todas juntas me llevan más tiempo y se me recalientan brazo y batidora.
Una vez hemos incorporado todo el azúcar, añadimos la harina mezclada con la levadura tamizadas poco a poco con movimientos envolventes (si se hace con la mano mucho mejor) hasta que esté bien integrada.
A estas alturas podemos ir pensando en encender el horno para ponerlo en situación.
Aparte se monta la nata y una vez bien montada, se añade a la mezcla anterior con una cuchara de madera, una espátula de silicona o la mano, también con movimientos envolventes y siempre hacia el mismo lado.
Cuando la mezcla esté perfectamente homogénea, se vierte en un molde rectangular que habremos engrasado con mantequilla y forrado después con papel de horno.
Espolvoreamos la superficie con azúcar moreno y canela y metemos el molde en el horno a 180ºC durante unos 35-40 minutos o hasta que veamos que al pincharla el utensilio que utilicemos sale limpio.
La sacamos del horno y la dejamos enfriar sobre una rejilla.
Y ya está. Espero que disfrutéis haciéndola desaparecer del plato.


