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Ensalada de naranja y frutos secos




Esta ensalada, o más bien esta versión que yo recuerdo, la tomé por primera vez por el Valle de Arán hace ya unos cuantos años, y precisamente la probé durante unas fiestas navideñas. Cada vez es más común encontrar en las cartas de los restaurantes ensaladas que introducen fruta fresca, pero en su momento esta ensalada me rompió bastante los esquemas.

De aquel viaje al Valle de Arán también me quedó grabado en el recuerdo una riquísima olla aranesa, que aún no me he animado a preparar, y eso que aún conservo por algún sitio un libro de cocina de recetas típicas de este precioso lugar con la peculiaridad de que está escrito en español y aranés, la lengua occitana que se conserva en el valle.

Ingredientes
(para 2 personas)

Lechuga iceberg
1 naranja
7 higos pasos
7 nueces
7 ciruelas pasas
7 orejones deshidratados
100 g de pechuga de pollo
Sal
Aceite de oliva
Pimienta negra molida
Salsa de yogur o bien salsa rosa para aliñar

Preparación

1. En la fuente donde vamos a servir la ensalada, ponemos una cama de lechuga iceberg cortada fina.

2. Sobre ella, repartimos la naranja que previamente habremos pelado, y cortado en medias rodajas.

3. Cortamos en trocitos finos los higos, orejones y ciruelas pasas. Abrimos las nueces. Esparcimos los frutos secos sobre la ensalada.
4. Cortamos la pechuga de pollo en tiras finas y las aliñamos con sal y pimienta negra, Las salteamos en una sartén con muy poquito aceite. Las esparcimos sobre la ensalada.
5. Aliñamos con salsa rosa (en la versión original) o con salsa de yogur como en mi caso. 

Para los muy perezosos, existe la opción de utilizar salsas comerciales. Si preferís prepararlas vosotros mismos, os dejo enlazadas las recetas de ambas salsas que he encontrado en el blog "Las salsas de la vida".





Muchos de los frutos secos que se emplean en esta ensalada suelen venderse acompañados de sulfitos, que actúan como conservantes. Y no sólo en frutas deshidratadas, también los podemos encontrar en gominolas, zumos de fruta, cervezas, ensaladas, vino, productos farmacéuticos... Los agentes sulfitantes tienen una acción conservante frenando el deterioro que pueden producir las bacterias, hongos, levaduras y antioxidante ya que inhiben las reacciones de pardeamiento de los alimentos, como las que os comentaba en un artículo anterior. También estamos en contacto con los sulfitos como el dióxido de azufre a través del aire que respiramos: especialmente en las ciudades industrializadas, donde se quema abundante carbón o combustibles.

Hay personas que son altamente sensibles a los sulfitos, especialmente asmáticos y personas que no metabolizan bien los sulfitos, ralentizando su eliminación natural. Estas personas pueden presentar reacciones que pueden llegar a ser serias en algunos casos. Otro de los aspectos por los que no se debe abusar de los sulfitos, es porque reaccionan con la tiamina, también llamada vitamina B1 y haciéndola inservible para nuestro cuerpo.



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